En una pareja, siempre o casi siempre, existe una víctima y existe un verdugo. Ambos pueden amarse y desearse con idéntica furía y auténtica pasión, de manera absoluta. Uno, la víctima lo experimenta en un grado superior, y el otro, el verdugo, en un grado inferior.La víctima estará siempre intranquila, anhelante, dudando. Gritará y hará grandes gestos desesperados: dormirá al pie de su cama o pasará la noche velando en el umbral de la puerta. El verdugo se sentirá como el poseedor: no se inquieta, camina con firmeza, sonrie, abraza como dueño y tiene el poder supremo de alejarse según desee. Su amor puede ser grande, su placer controlado. El otro lo mira, siempre, con mirar de sonámbulo: espera que lo haga consistir, que le devuelvan el SER. Convulso espera el reconocimiento diario de su entrega en un torneo horrible: perder el gobierno de SÍ y alcanzar su devolución como trofeo.
Tú dijistes "SIEMPRE". Lo dijiste múltiples veces. Sabes, no obstante, que los combatientes pueden trocarse, la víctima podría....... volverse el verdugo.
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jueves, 19 de mayo de 2011
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